Parece solo ayer, pero han pasado 56 años, cuando le entregué a mi viejo un pequeño escrito para que lo leyera; apenas tenía nueve años y era un niño soñador, con el anhelo de escribir. Mi padre, un lector apasionado y de admirable calidad en la redacción, era el crítico ideal para mis primeros intentos literarios.
Es difícil entender a una corta edad lo que es un comentario o critica, pero aun así deseaba que él se sintiera orgulloso de mí. Es increíble: ahora estoy frente a su fotografía, que me acompaña a la derecha de mi escritorio, como ese profesor que siempre busca que hagas las cosas bien. Por eso, después de leer lo que escribí, puso su mano sobre mi cabeza y me dijo dos cosas: primero, que estaba bien, palabras de consuelo que todo niño debería escuchar; y segundo, con la sabiduría del hombre increíble que admiraba, me aconsejó leer mucho y navegar entre palabras, porque cada una tiene un motivo para existir, y juntas pueden crear conceptos maravillosos-
J.V.J
No hay comentarios:
Publicar un comentario