Hay momentos en la vida que nos creemos los dueños del mundo; puede ser muy propio en nuestra adolescencia y tener ese comportamiento explosivo e impetuoso, donde los errores son frecuentes, pero al mismo tiempo necesarios como aprendizaje para entender nuestra existencia. Los años transcurren, nos trae la madurez que anuncia la pausa y la calma que acompaña a la prudencia. El temor al error es mucho más frecuente; buscamos la armonía creyendo que el amor debería ser racional y así nada lo destruiría, pero es tan absurdo como vivir. Los límites que nos sostienen están llenos de prejuicios; tratamos de llorar al vacío y así evadir la tristeza .
los momentos en la vida, uno diferente del otro, suelen llegar, la evolución es inevitable. ¿Cómo saber qué nos pasa si siempre estamos buscando respuestas y un modelo como amar, sin saber que muchas veces en lo irracional puede estar la verdad?. La necesidad de ver y escuchar a una persona que cambie nuestra rutina es importante; puede parecer trivial y agradable, pero sería complicado si nos ponemos límites y tener una llave que cierre nuestras emociones para no sufrir. La felicidad siempre estará; al final, el llanto también se encuentra reservado, como esa válvula de escape que nos brinda equilibrio.J.V.J
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