¿La educación está en crisis¿, es una expresión, casi un eslogan que escuchamos desde hace décadas, de abuelos a padres y de padres a hijos. Parece ser que esta idea ya se ha consagrado en el Perú como una forma de reconocimiento entre compatriotas; o como una manera de aceptar el olvido del Estado de los propios gestores del proceso: los maestros.
Muchos peruanos ven en esta situación una prolongación de la miseria moral y ética que nos ha legado esa falta de visión que caracterizó a nuestros mandatarios desde que se fundó la República; dicho lo cual, salvo excepciones, nos deja en una situación más que lamentable, pues sin referentes ni modelos a seguir, estamos muy cerca de perder la ruta del tan ansiado progreso, y, por ende, de la verdadera estabilidad nacional.
Se habla y escribe por estos días acerca de la crisis educativa; se dice que nuestros maestros son mediocres, olvidándose que ese Estado que hoy pretende ¿evaluar sin calificar¿, no ha sido capaz nunca de brindar una verdadera y sostenida capacitación masiva del profesorado; e incluso, ha sido la directa causante del desprestigio social de la carrera magisterial, la que ha llegado a niveles insostenibles de falta de vocación en sus integrantes.
El efectismo político en este plano es muy peligroso, puesto que lo que está en juego es la formación integral de los niños y adolescentes del país, y no los resultados de las encuestas que otorgan más o menos puntos a la labor gubernamental de turno.
En dicho tema por lo menos, ambos lados no parecen entender bien el punto en cuestión: así como el Sindicato Único de Trabajadores en la Educación Peruana (SUTEP), con el pretexto de un Estado indiferente e ineficiente, propugna con su miopía intelectual la mediocridad pedagógica; el Estado, con el pretexto de enfrentarse a un sindicato intolerante, justifica la desidia de trabajar de la mano con el maestro de aula, aquel que es ajeno a los vaivenes "políticos" de ambas instancias.
El Columnista
Carlos Batalla
(Lima, 1970) Egresado de literatura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ejerció el periodismo cultural en los diarios La República y El Peruano; profesor de periodismo, corrector de estilo e investigador literario, ha trabajado en áreas de comunicación corporativa, y actualmente es editor de la revista Testimonio.
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