Eran los años 70, época donde estaban de moda las películas de terror en la ciudad de Lima, un periodo donde los niños y los jóvenes teníamos algún miedo a las historias del cine de ficción que alimentaba nuestras fantasías. Por ese entonces, la película El Exorcista era todo un suceso. No existía persona que pudiera evitar y sentir pánico con la posesión del demonio a esa niña interpretada magistralmente por Linda Blair. Una actuación impecable, digna de elogios. Lima en aquellos años era una ciudad llena de leyendas y supersticiones, como que las tiendas no te vendían sal o agujas por la noche. Los barrios en la ciudad tenían particularidades; no existía internet ni videojuegos, dando pie a esa necesidad en los niños de reunirse por las noches y comentar algunas historias que escucharon en casa. Así comienza esta historia. Uno de ellos llamado José, y su compañero en esta aventura, era Ricardo, Me contaron que el tío de José, un curandero de huacho, que trabajaba en la magia blanca y negra, decía que era mejor trabajar para todo público porque así tenía trabajo permanente. Le dijo que los demonios suelen reencarnarse en personas rubias y que tiene un perfume muy especial(azufre). Ello originó que los muchachos empezaran a perseguir demonios por la ciudad, según José, tenían que encontrar en algún lugar una persona con las características que su tío le describió. Estos chicos aventureros se acercaban a las iglesias, porque pensaban que los demonios rondaban buscando personas de fe. Ricardo estaba confiado que encontrarían a uno de ellos en alguna de las entradas, porque siempre están al acecho de los creyentes y captándolos para su reino. Siendo ya las 7:30 de la noche de un viernes, una escena decadente con calles sucias y paredes mal pintadas de esa Lima pobre ya iluminada con luz artificial generaba miedo caminar solo por ellas. Era invierno y Lima suele ser muy húmeda y de neblina densa, propicia para estos niños locos buscando su demonio; no se rendían, caminaban detrás que cada tipo blanco con pose de ricachón. Eran los 70 y tener esa particularidad te colocaba muy cerca al infierno. Después de tanta búsqueda y espera, José encontró a una persona con las características que según él, podría ser un demonio.
Mira, Ricardo, lo encontramos, comentó José.
Ricardo le dice: "puede ser, está muy bien vestido y su olor es muy especial, es guapo y rubio, debe ser el demonio vamos a seguirlo". José se da cuenta que la ruta que estaban haciendo los conducía al mismo lugar donde ellos vivían, un barrio popular lleno de historias, con algunos jardines mal cuidados, con ese perro de la vecina que ladraba todo el tiempo y esas broncas callejeras que alegraban los partidos de futbol que terminaban la tarde.
Ricardo menciona el detalle de una coincidencia: está buscándonos, creo, viene acercándose a nuestras casas….-¿cómo sabe que lo estamos siguiendo?- temeroso se lo comentó a José. Ellos seguían de tras de él, sin perder la distancia, pero con temor de ser descubiertos. Habían muchas dudas; sin embargo, no dejaron de seguir con sus planes. Mira, se detuvo, está tocando la puerta de la casa de Antonio (amigo del barrio). Ricardo vuelve a reiterar, pero él no se encuentra, acompañó a su papá a trabajar y no volverá hasta muy tarde. En ese instante se abre la puerta y pudimos apreciar en plenitud a una mujer preciosa, muy bien maquillada, que lo estaba esperando. Se trataba de la mamá de Antonio. Aun sin entender, nos asomamos por una de las ventanas de aquella casa y nos dimos cuenta que tal señor no era el demonio, pero si estaba lleno de lujuria, y la mamá de nuestro amigo no era una santa y no creo que se sintieran en el infierno porque lo visto por Ricardo y José, nos daba la impresión que se sentían en el cielo. Al final, los aventureros se equivocaron de demonio. Ricardo, entregó una reflexión que suelo recordar. Conocimos el otro lado de algunas personas; entender que el demonio no es una persona física, es la maldad que puede estar dentro de nosotros y dependerá de cada uno si queremos que salga.
j.v.j